Asusta a grupos europeos avance del maíz transgénico en México

Angélica Enciso L.

La Jornada

27 de febrero de 2010

  • Son propiedad de Monsanto 80% de las semillas que se comercializan en el mundo
  • Trasnacionales, amenaza a la soberanía alimentaria
  • Alientan la dependencia de gobiernos y campesinos
  • En 2001 se detectó el primer caso de contaminación con granos modificados

Organizaciones alemanas impulsan un frente internacional para la protección del centro de origen del maíz ante la expansión del cultivo de transgénicos en México –cuya siembra experimental ya está autorizada en el país– y la intención de las trasnacionales de fomentar la dependencia de campesinos y consumidores.

Una delegación de 18 productores y consumidores de la provincia Hohenlohe de Alemania, que hace unos días visitaron el país, acudieron ala Sierra Juárezde Oaxaca –donde en 2001, en la siembra de maíz, se detectaron los primeros casos de contaminación transgénica– y tuvieron una reunión con autoridades dela Comisión Intersecretarialde Organismos Genéticamente Modificados (Cibiogem).

Con la idea de evitar que los transgénicos se extiendan en el mundo –en este caso el maíz–, se comenzará a trabajar en redes internacionales y se ejercerá presión política para lograr la protección del centro de origen, que es México, dijo en entrevista Jochen Fritz, dela Alianza RegiónHohenlohe Libre de Transgénicos.

Indicó que el plan de Monsanto es que “como aquí está la cuna de maíz, que los transgénicos la contaminen, y como la empresa tiene patentes de los procesos, esto sería una forma de apropiarse de los granos. Quiere vender sus semillas a los campesinos y aplicar su lema: ‘no habrá plantas que no sean propiedad de nosotros’”.

Recordó que 80 por ciento de las semillas que se comercian a escala mundial son propiedad de Monsanto, eso significa que ya no son los campesinos ni los países los que pueden disponer de las semillas, se profundiza la dependencia hacia esa compañía. Es una amenaza a la soberanía alimentaria de todos los países del mundo.

Comentó que sostuvieron una reunión con la directora técnica dela Cibiogem, Sol Ortiz. Nos asustamos: parece que no ven ningún riesgo para la salud y el medio ambiente por los transgénicos. Tampoco ven peligro en la siembra experimental o la amenaza de cruce con las variedades tradicionales. De acuerdo con la experiencia en Alemania, creemos que debe haber un principio precautorio más rígido y que México no se pueda dividir en regiones, donde se puede cultivar el transgénico.

En México se debe proteger el maíz criollo y enla Cibiogemvimos una visión tibia del asunto. Ahí se reconoció que sí hubo contaminación de maíz criollo hace unos años, pero que hoy no existe ese problema. Lo que nosotros escuchamos en las comunidades es otra cosa. Una de las medidas para evitar que se cultive el maíz transgénico es moler el grano de importación para que ya no se pueda sembrar.

De la visita enla Sierra Juárezde Oaxaca, donde se detectó el primer caso de contaminación de maíz transgénico en 2001, vimos que los campesinos tienen un trabajo muy duro, producen para la subsistencia, el autoconsumo, siembran con semilla propia y no caen en la dependencia de las grandes empresas, si así fuera tendrían que comprar la semilla, dijo por su parte Ursula Schabel dela Organización Mujeresdel Campo de Alemania.

Patentes y demandas

En 2005 Monsanto solicitó una patente sobre la cría y mejoramiento de las razas de cerdo: quería tener derechos sobre ellos sin la modificación transgénica, sólo describieron los genes y con ello bastaría para tener derechos y conseguir una patente. Nosotros producimos una raza antigua donde la carne tiene una alta calidad, esta especie podía caer en las reglas de esa patente y presentamos un amparo, relató Christoph Zimmer, dela Uniónde productores de carne de calidad.

Otro caso es la prohibición que en Alemania tienen los productores de comerciar semillas silvestres, ya que hay una ley sobre tráfico y venta de semillas, en la que se establece que se tienen que vender las variedades, pero sólo tienen acceso las grandes empresas, indicó Ernest Reiger, agricultor que siembra 500 variedades de plantas silvestres. Los campesinos fueron amenazados con dos años de cárcel por realizar esa actividad, pero el juez reconoció que no producen para el comercio, sino para que se reproduzcan las especies y la sanción fue revocada.

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