La crisis alimentaria, una oportunidad para nuevos mercados

Germán Cardona Müller

La Jornada Jalisco

16 octubre de 2013

En México hay hambre, sí, pero el derecho a la alimentación no se va a garantizar con las políticas públicas actuales, como la Cruzada Nacional Contra el Hambre, porque este es un problema que sólo se puede resolver a partir de la sociedad civil, si bien con ayuda y coordinación del gobierno.

En tanto que ciertos alimentos de la canasta básica sigan estando en el mercado, los precios de éstos seguirán fluctuando, y con ello gran parte de la población seguirá sin tener una vida digna.

Para que el derecho a la alimentación sea una realidad en Jalisco, se tiene que sacar la mayor parte de los productos básicos del mercado, y para hacerlo se tiene que tomar el paso de garantizar la famosa “soberanía alimentaria” en todo el país, es decir, en las zonas urbanas, pero sobre todo en las rurales. Pero no creo que esta sea tanto una tarea del gobierno como de la sociedad, pues sólo ésta tiene la suficiente voluntad para organizarse y tomar el siguiente paso para transformar el mercado de la alimentación.

La cuestión no consiste en si se perderán empleos con la implementación de este tipo de cultura. Se trata de garantizar el derecho al mínimo vital para que todos tengamos satisfechas nuestras necesidades y podamos desarrollar nuestro proyecto de vida.

Jalisco es uno de los principales productores agrícolas del país, por lo que esta propuesta podría afectar incluso al PIB nacional. Pero esta es una visión miope de cómo crecen los mercados y está alejada de la tendencia global donde la mayor parte de los países invierte en el sector de alta tecnología. El mercado verde, la industria del software y la de servicios requiere altos niveles de profesionalización o de investigación y desarrollo. Eso es el futuro, no el desarrollo a costa del desgaste de nuestros recursos naturales, de la destrucción de nuestro medio ambiente en perjuicio de nuestras futuras generaciones.

La democracia y la economía son factores que se condicionan mutuamente, pero parece que en la medida en que deseamos una forma de gobierno orientada en garantizar mínimos de dignidad humana, nuestros mercados deben cambiar para cumplir con esas expectativas. La Cruzada Contra el Hambre debe dejar de ser un programa impulsado por el gobierno para convertirse en una oportunidad única para que las minorías intelectuales y creativas del país cambien la estructura del mercado en México, transformándolo de uno de mediocridad, del sector manufacturero, a uno de alta tecnología, en donde todos tengan una calidad de vida mínima, sin importar su circunstancia. Citando a Rahm Emanuel, “no debemos dejar que una crisis se desperdicie, busquemos cómo hacer las cosas como nunca las pensamos hacer antes.”

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octubre 16, 2013

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