Ixi’im wíinko’on: somos del Maíz*

Ella F. Quintal Proyecto Etnografía, INAH

La Jornada del campo

18 de enero de 2014

Papá tomó atole pensando en mí
Mamá tomó atole y luego yo nací
No, no es cuento, soy hecho de maíz
No, no es cuento, yo soy hecho de maíz

somos de maízLa cultura maya, como otras de los pueblos originarios de México, ha encontrado por siglos, base y sustento en la producción de maíz por medio del sistema tradicional de roza-tumba-quema o milpa. Los mayas peninsulares denominan kool a la milpa en la que siembran maíz y otros cultivos asociados e intercalados.

Puede afirmarse, a partir de lo que dicen los especialistas (Terán y Rasmussen, La milpa de los mayas, Gobierno del Estado, Mérida, 1994; Hernández X y asociados, La milpa en Yucatán, Colegio de Postgraduados, México, 1995, dos tomos; entre otros), que la milpa maya constituye un verdadero aporte de este pueblo a la cultura universal. Saberes y conocimientos profundos de las relaciones entre la vida de las plantas, las características del terreno y de las tierras, de los vientos, de las lluvias y del comportamiento animal, han permitido ayer y hoy la reproducción física y cultural de las comunidades mayas.

Dadas las características sui generis de la fisiografía peninsular, “una tierra la de menos tierra”, como la llamara Fray Diego de Landa (Relación de las cosas de Yucatán, Porrúa, México, 1966), resulta sorprendente la genialidad de la sociedad que logró esta relación inteligente con su medio.

Si para algunos investigadores, la milpa es “un verdadero sistema productivo, porque articula múltiples actividades productivas, la organización familiar y comunal y la cultura” (Terán y Rasmussen, 1994, cursivas de los autores), habría también que considerar que en términos antropológicos, al hablar de milpa, nos estamos refiriendo a un aspecto clave de la(s) culturas(a) de las comunidades y localidades mayas de nuestros días. En los llamados pueblos mayas peninsulares, los campesinos conservan y transforman sus culturas, en las que la milpa, kool, sigue siendo, a pesar de los embates de las sucesivas expansiones de la frontera del capital y la constante amenaza de despojo de los territorios comunales y colectivos, una institución clave y un hecho social total.

Porque la milpa no es sólo un sistema agroproductivo. Es un conjunto de relaciones sociales, a nivel familiar, comunal y regional; pero también es el complejo de relaciones que entablan los campesinos con los demás entes y seres animales, vegetales, fuentes de agua, cerros, cuevas, vientos y astros. La milpa supone además prácticas y hábitos, mitos, cuentos, conversaciones, religión y ritual. La milpa implica sistemas normativos y de parentesco, formas propias de impartir justicia y de prevenir y resolver conflictos. Es motivo de ofrendas, de alegrías compartidas y a veces (quizá cada vez más frecuentemente) de angustia comunitaria. Es trabajo humano pero también regalo divino (Quintal y otros, “U lu’umil máaya wíiniko’ob: la tierra de los mayas” en: Barabas, Alicia (coord.). Diálogos con el territorio (tomo II), INAH, México, 2003, pp. 275-359).

La milpa es cultura, porque el pueblo maya no esferiza las diversas dimensiones de su forma de vida.Y, aunque no existen culturas estáticas, sí preocupan, por un lado, la celeridad de los cambios que la globalización capitalista ha traído a la península por medio del turismo, de la agroindustria, de la ganadería, de la especulación inmobiliaria y de los medios masivos de comunicación, y por otro lado, los efectos occidentalizantes de la escuela. Jefes de familia que migran de manera permanente, temporal o cotidiana a las zonas urbanas de la región, abandonan la actividad milpera.

Sin embargo, comunidades, localidades y organizaciones indígenas, junto con instituciones y organizaciones no gubernamentales, luchan desde hace ya más de una década por la conservación de sus semillas nativas. Las Ferias de las Semillas, en la península de Yucatán, constituyen no sólo acontecimientos que busca la conservación de la actividad agrícola tradicional, sino también la actualización de las culturas mayas en general (http://vimeo.com/66801506 ).

Animan a esta lucha, nos parece, un profundo y silencioso sentimiento de que si hay milpa no hay hambre, el apego al sabor de los alimentos hechos con el maíz “criollo” y la convicción de que los dueños del monte y las almas de los abuelos difuntos reciben con especial agrado los platillos elaborados con el maíz nuevo de las milpas.

*El nombre del texto se retoma del video de Llanes-Ortiz, Ixi’im Wíinko’on (http://vimeo.com/66801506). El epígrafe es parte de una canción que aparece en el video y que escuché en varias ocasiones durante los trabajos de Táan u xulsaj k-kuxtal (Están acabando nuestra vida), Pre-audiencia del Tribunal Permanente de los Pueblos, Maní, Yucatán, 9 y 10 de noviembre de 2013.

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enero 18, 2014

  • Los felicito y acompano en su lucha, que debe de ser la lucha de todos los pueblos Latinoamericanos.
    Las semillas nativas han pertenecido siempre a nuestros ancestros nativos y lastimosamente esta sociedad y Gobiernos estan manejados por las multinacionales.

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