¿Está matando un herbicida a decenas de miles de agricultores?

Carlos De Prada

22 de abril de 2014

Estrella digital

Está matando un herbicida a decenas de miles de agricultores¿Contribuye el herbicida más vendido del mundo a decenas de miles de muertes? Una extraña epidemia de enfermedad renal mortal está castigando especialmente zonas agrícolas de Sri Lanka, la India y Centroamérica

Hasta ahora cientos de miles de personas se han visto afectadas. La denominan la Enfermedad Renal Crónica de causa desconocida, CKDu por sus siglas en inglés (Chronic Kidney Disease of unknown etiology) y un estudio reciente que sugiere su posible asociación con el glifosato, el famoso pesticida estrella de la multinacional Monsanto, el herbicida más usado en el planeta, está causando un terremoto.

En el epicentro del asunto se encuentra Sri Lanka, esa gran isla al sureste de la India. Allí, tras recibir un informe científico que ligaba la enfermedad al glifosato, las autoridades decidieron actuar, y los diarios difundieron que ése país había decidido prohibir el uso de la sustancia. La llamada «teoría del glifosato» defendida por diversos científicos, está causando una conmoción que amenaza con extenderse globalmente, afectando muy negativamente a la ya maltrecha reputación del glifosato sustancia a la que se han achacado los más diversos males. Los titulares negativos para el producto de Monsanto no solo han llegado desde Asia, también, por ejemplo, desde el Salvador por la noticia de que su asamblea legislativa acordó prohibir esta sustancia, junto a otras decenas de pesticidas.

Que miles de agricultores puedan morir a causa, entre otras cosas, del producto con el que envenenan a las malas hierbas no deja de parecer realmente inquietante, sobre todo cuando se trata de un producto que se usa en enormes cantidades a lo largo y ancho de todo el planeta. Se usa en nuestros cultivos, las cunetas de nuestras carreteras y vías de tren, en zonas verdes urbanas… por todas partes. Una cosa es que el glifosato sea «asesino de hierbajos» y otra, muy diferente, que pudiera serlo también de personas.

Sea el glifosato solo o sea, como se diría en el argot judicial, en compañía de otros. Esta última es la posibilidad que desliza el estudio recientemente publicado en la Revista Internacional de Investigación Ambiental y Salud Pública (Internacional Journal of Environmental Research and Public Health) y que ha sido el responsable de todo el revuelo formado. En él científicos de Sri Lanka y Estados Unidos, explican como el glifosato, combinado con metales contaminantes presentes en el medio ambiente de muchas zonas, como el arsénico o el cadmio, podría formar compuestos nuevos que llegarían al organismo a través de la comida y la bebida, y que alcanzarían el riñón, dañándolo. A ello podrían sumarse otros factores agravantes, como la fuerte deshidratación que pueden padecer los agricultores en entornos calurosos y que agravaría los daños renales.

Para los autores del trabajo, el quid de la cuestión podría estar en las sustancias que se forman al combinarse el glifosato con los metales.Llaman la atención sobre el hecho de que el glifosato sea un potente agente quelante. Es decir, que se une a los metales (tanto que , de hecho, antes de usarse como herbicida se usó para éso en la industria) y que, de ése modo, podría ayudar a transportar ésos metales tóxicos hacia el riñón causando estragos. De algún modo, el glifosato ayudaría a los venenos destructores del riñón a alcanzar su objetivo.

Los autores del estudio que ha generado tanta agitación dicen que, «aunque no hay acuerdo entre los científicos acerca de la causa de la enfermedad, una mayoría de ellos concluyen que es una nefropatía tóxica». En su opinión, «ninguna de las hipótesis planteadas hasta ahora podrían explicar coherentemente la totalidad de los hallazgos clínicos, bioquímicos o histopatológicos, ni  la distribución geográfica de la enfermedad y su aparición a mediados de los años 90». Que se había observado ya «una asociación fuerte entre el consumo de agua dura y la ocurrencia de esta singular enfermedad renal, pero la relación no ha sido explicada consistentemente». Así que estos científicos creen que es la introducción de otros factores, como el glifosato, lo que acaso podría ayudar a resolver la ecuación sobre las causas de la epidemia.

Dicen que «la asociación entre el uso del glifosato, el herbicida más ampliamente usado, en el área endémica de la enfermedad y sus propiedades únicas de quelar metales» son algo a tener muy en cuenta. «Aunque el glifosato solo no cause una epidemia de enfermedad renal crónica» -añaden- «parece haber adquirido la habilidad de destruir los tejidos renales de miles de agricultores cuando forma complejos con  un factor geoambiental localizado (la dureza del agua) y los metales nefrotóxicos».

Y apuntan que los daños se podrían estar produciendo en otras áreas del mundo en las que se den condiciones parecidas de uso del pesticida, presencia de aguas duras, metales…

Un estudio anterior de expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Ministerio de Sanidad de Sri Lanka, publicado en la revista científica Nephrology, se ocupó de alguno aspectos de esta «nueva forma de enfermedad renal crónica que no puede ser atribuída a la diabetes, la hipertensión u otras causas conocidas». El estudio apuntaba que la enfermedad tenía una alta prevalencia: casi un 13% en varones y de casi un 17% en mujeres, aunque los casos graves afectaban más a ellos (casi tres veces más que a ellas). Y se vio una asociación entre la presencia de los contaminantes y la enfermedad. Además, los daños que se aprecian en los tejidos de los riñones afectados, sugerían, para estos otros investigadores, que las «sustancias nefrotóxicas tienen un papel en el origen de la CKDu». Unas 400.000 personas habrían enfermado, y unas 20.000 muerto.

Sin embargo, apuntan los autores del informe del que antes se hablaba, hecho por científicos de Sri Lanka y de California, «las grandes campañas publicitarias que situaban al glifosato como el mejor herbicida jamás descubierto por la humanidad, la reiteración de su fácil degradabilidad en la naturaleza y la dificultad de detectarlo en laboratorio pueden ser razones que expliquen el retraso» en haber prestado antes atención a este asunto.

La multinacional Monsanto y sus aliados, tanto del sector químico como del gubernamental, están maniobrando para que se reste importancia a esta investigación y detener procesos de prohibición.  Quieren que se «reflexione» sobre las consecuencias de hacerlo. Argumentan que muchos cultivadores de arroz, maiz, té, caucheros… lo usan.

Prohibir una sustancia que tiene detrás tantos intereses económicos no resulta fácil.

De confirmarse estas tesis (o de dejar que se confirmen, que de todo puede acabar habiendo probablemente) estaríamos ante otra nueva evidencia de los dislates que acaecen cuando el hombre, tratando la Naturaleza como si fuése el matraz de un enorme experimento químico al aire libre, se dedica a mezclar en ella sustancias que nunca se habrían mezclado. Los cobayas involuntarios, serían todas las personas que simplemente coman o beban agua que contenga ésos compuestos, o que, en el caso de algunos de ellos, los absorban por la piel o la respiración, como puede suceder cuando se aplica el glifosato

Monsanto dice que no hay pruebas, que es solo una teoría. Y ciertamente en estas cosas de los venenos agrícolas se exigen siempre muchas pruebas. Algunos dicen que demasiadas. A otros, especialmente a los fabricantes, todas las pruebas les parecen pocas.

A la hora de demostrar que una sustancia química que produce beneficios económicos  para algunos produce daños todo son pruebas y más pruebas. Cabe preguntarse si se estuviese hablando de otro tipo de agente que pudiera provocar daños, pensemos por ejemplo, en un microbio, se exigirían tantas pruebas. Y en ello sin duda juega un papel que los microbios no tengan abogados, pero que las sustancias como el glifosato sí los tengan, y muy buenos.

Mientras se esclarecen las cosas acerca del papel que tiene o no el glifosato, algunas comunidades rurales están siendo devastadas por la horrible enfermedad renal , que no para de cobrarse víctimas. Especialmente significativo es el apodo que hoy recibe una de ésas zonas afectadas, un pueblo llamado La Isla. Está en Nicaragua y ha sido re-bautizado como «la isla de las viudas» porque muchas de sus mujeres se han quedado sin maridos. Cabe imaginar el drama de tantas familias pobres, sin recursos para pagarse los tratamientos, viendo como sus seres queridos van deteriorándose para finalmente agonizar y morir, dejando solas a sus mujeres y huérfanos a sus, frecuentemente, muchos hijos. En medio de la miseria. Pero el drama ocurre en aldeas perdidas entre campos de, por ejemplo, caña de azúcar. Y no escuchamos los lamentos.

Al margen de lo acaecido en este caso de la enfermedad renal crónica en algunos lugares del planeta, el glifosato ha sido asociado por diferentes investigaciones, a otros problemas de salud diversos. En otras zonas del mundo, como sucede en algunas de Argentina, hay una fuerte oposición a las fumigaciones del producto de Monsanto a las que se culpa de pavorosos efectos sobre la población tales como cánceres, malformaciones, abortos… Recientes estudios muestran, además, que su toxicidad podría haber sido grandemente subestimada (http://www.estrelladigital.es/articulo/espanha/pesticidas-mas-peligrosos-creia-estudio-frances/20140219205433012332.html)

Es una sustancia que ha sido también asociada a diversos efectos sobre la biodiversidad (entre ellos a la caída de las poblaciones de las mariposas Monarca (tal y como ya informamos en ESTRELLA DIGITAL http://www.estrelladigital.es/articulo/espanha/pesticida-destrono-reina/20140314160613187574.html )

El estudio citado es:

Glyphosate, Hard Water and Nephrotoxic Metals: Are They the Culprits Behind the Epidemic of Chronic Kidney Disease of Unknown Etiology in Sri Lanka?. Int. J. Environ. Res. Public Health 2014, 11(2), 2125-2147; doi:10.3390/ijerph110202125. Channa Jayasumana  , Sarath Gunatilake and Priyantha Senanayake

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abril 22, 2014

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