Transgénicos: contra la salud, la cultura y la soberanía alimentaria

Shanty Acosta, Luz Iris E. López e Iván Cervantes

Revolución tres punto cero

23 de mayode 2014

 Transgénicos contra la salud, la cultura  y la soberanía alimentariaLa  búsqueda y encuentro de la identidad es un acto humano que surge a partir del sentimiento de seguridad, de pertenecer y cuidar un lugar, objeto o persona. Es una construcción presente, que recrea el pasado con vistas a un porvenir deseado, así que nuestra identidad, la que hemos construido a raíz de reconocernos en los abuelos que, dentro su enorme legado, lograron adaptar  y domesticar  miles de especies de maíz para nuestra supervivencia,  legado que por derecho y necesidad debemos de cuidar.

El maíz es la base de la alimentación de los mexicanos, a tal grado que nos consideramos creados por él, somos hijas e hijos del maíz, esta planta sagrada forma parte de nuestra identidad. Así que no es de sorpender que todos nos veamos implicados cuando un grupo de individuos con mucho dinero, corrompen los principios más básicos del respeto a los seres vivos al modificar y apropiarse de esa vida (por medio de las patentes), abriendo con ello, la posibilidad de adueñarse de nuestras semillas, amenazando nuestro pasado y futuro. No sólo ponen en riesgo nuestra identidad, también nuestra salud, soberanía alimentaria, economía, cultura, la vida en el campo y gran parte del ecosistema.

Los monopolios de los transgénicos -Monsanto, Dupont-Pioneer, Bayer y Syngenta- son dueños y controlan el 95% de los organismos genéticamente modificados (OGM), cuya principal “cualidad” es resistir la violenta muerte que sus herbicidas provocan, eliminando la competencia por los recursos en los cultivos. Otros OGM tienen la característica inducida de producir su propio insecticida.

Todo esto parecería muy atractivo para un agricultor que no ha podido leer las letras chiquitas del funesto contrato que firma al aceptar depender de estas transnacionales para su siembra, pero habría que considerar que no sólo tienen que comprar sus costales de semilla, sino que están obligados a comprar todo el paquete agroquímico que asegura su funcionamiento y que incluye al famoso “Glifosato”, poderoso veneno que además de contaminar la tierra, el agua y eliminar malesas (que año con año requieren una mayor cantidad de veneno al volverse resistentes por el proceso de adaptación efecto de la selección natural) puede producir en humanos malformaciones genéticas, insuficiencia renal y leucemia. Todo nos lo llevamos a la boca cada vez que consumimos un vegetal o fruta de éstas. Sí, los residuos de este agrotóxico son mucho mayores que en los cultivos convencionales con químicos.

Por otro lado, está el riesgo gravísimo de contaminación genética, la cual es imposible de detectar y detener a menos que se exprese en las características de los organismos o se lleve a cabo un estudio genético.

Como es sabido, el polen es la célula sexual con la cual se fertilizan las flores al llegar a sus pistilos. Pues bien, el polen del maíz transgénico, lleva en su genoma estos genes de los cuales se adueñaron los grandes señores del dinero que compraron la tecnología y las leyes necesarias para ello, y por su naturaleza estas células tienen la capacidad de viajar grandes distancias con ayuda del viento, el agua, insectos polinizadores y otros agentes. Así al encontrarse con los genes de las plantas originales, se combinan. Debido a esto, se han generado demandas millonarias, de parte de las grandes empresas hacia los campesinos, por el supuesto uso de un “organismo” que les pertenece. Es así, cómo estas empresas y sus dirigentes han afectado también las tradicionales formas de convivencia en las cuales el intercambio de semillas era una práctica que promovía la diversificación y mejoramiento de  las mismas, nuestra alimentación y por supuesto nuestra cultura.

Como sociedad consciente de lo que implican estas consecuencias, tenemos un sin fin de tareas urgentes que desarrollar, desde inculcar a nuestros hijas e hijos la importancia de defender nuestras raíces a través de la alimentación, hasta recuperar prácticas de colaboración y empatía por el prójimo en la búsqueda del bienestar común. Todo es cuestión de salir un poco de nuestra zona de confort y rutina que no nos ha dejado nada más que el fracaso como sociedad, el deterioro de nuestra calidad de vida y el ambiente.

Despertar nuestra conciencia creativa y dispuesta a la comunidad es la mejor herramienta que tenemos para actuar en conjunto y promover la vida digna que todos merecemos.

Otro acto indispensable en este momento de cambios constitucionales, es hacerse presentes en todas las iniciativas posibles que demanda la consideración del bienestar común como lo es una alimentación rica y consciente, productora de vida, libre de venenos y material transgénico.

Las hijas e hijos del maíz tenemos una cita este sábado 24 de mayo, en diferentes localidades del mundo para marchar en contra de los señores del dinero, corruptores  y productores de la mala muerte, en un frente mundial unido a favor de la vida que nos brinda alegría y futuro.

En el D.F. nos encontraremos a la 1:00 p.m. en el Ángel de la Independencia para celebrar y defender  la vida y el legado de nuestros abuelos. ¡Todos al Carnaval del Maíz!

 #YoSoy132 Ambiental

Evento en FB: https://www.facebook.com/CarnavalDelMaiz

Convocatoria al carnaval: http://centroprodh.org.mx/sididh_2_0_alfa/?p=33831

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