Parir en Oaxaca, trauma y dolor

  • Dar a luz en un hospital público, un acto que se desarrolla  en un ambiente hostil; culpan a la sobresaturación y falta de médicos aquejan al sector

Lupita Thomas

El Universal

18 de junio de 2014

Archivo. El Universal.

Archivo. El Universal.

Diariamente, en los Servicios de Salud en Oaxaca (SSO) se atienden alrededor de 160 partos. De éstos, únicamente de 10 a 15% son nacimientos naturales.

De acuerdo con datos del sector salud en Oaxaca, se estiman unos 80 mil partos al año, de los cuales más de 60 mil se atienden en áreas institucionales y el resto por parteras o sin asistencia médica.

La proporción de los partos inasistidos dados a conocer durante el último año —con respecto del número de mujeres atendidas— es mínimo, sin embargo, hay un problema que todos los sectores reconocen: sobresaturación del servicio, falta de médicos y desconocimiento, incluso de las mismas mujeres, del proceso de parto y una atención deshumanizada.

Un parto siempre es doloroso, asegura María de Lourdes Escudero Morales, médico especialista en ginecología y obstetricia. Lo que cambia es la forma de vivir ese dolor, y éste, según la partera Araceli Gil, se acentúa en el sistema de salud pública.

Responsable del Centro de Iniciación Luna Llena, una escuela de partería, para Areceli Gil el trabajo de parto debe ser amoroso, libre, consciente y seguro.

En su opinión, el sistema de salud pública tiene un grave problema de maltrato hacia la mujer al momento del parto. “Los nuevos seres humanos llegan en un ambiente violento, la mujer es aislada, le cambian de ropa y muchas veces se abusa de la cesárea y de la episiotomía (incisión quirúrgica en la zona del perineo), un procedimiento que debiera ser exclusivamente para cuando haya una complicación”.

Apegados a los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en esta escuela se considera el parto como un hecho fisiológico en el que se debe escuchar a la mujer, además de hacer las revisiones de sus características y establecer una evaluación individual.

El problema, considera, es que en los hospitales públicos no se le quiere o no se puede dar a las mujeres una experiencia saludable, sino atender rápido.

“Hay muchos médicos que son sensibles, pero los recursos que ofrece el sector salud son mínimos, los servicios están sobresaturados y poco o nada se puede hacer cuando no se tiene el equipo adecuado”, considera la partera.

“Todo se concentra en los hospitales de segundo nivel, eso provoca una sobresaturación, las mujeres están pariendo en la banqueta porque no hay espacios, ni sillas, ni nada y hay mujeres que tienen muy rápido a su hijos”.

Considera que el modelo de partería como atención a mujeres embarazadas puede ser una de las respuestas para atender dentro del primer nivel. “Las parteras somos expertas en la fisiología del parto, estamos cerca de las mujeres, pero se ha relegado esta figura, se ha querido acabar con ella y en México no se apoya a la partería tradicional”.

De esta forma, comparado con el número que acude al sector salud, las mujeres que tienen a sus hijos apoyadas con parteras, son pocas.

En su opinión, reforzar el aprendizaje en partería tradicional y reconocer su labor en la comunidad evitaría la sobresaturación de hospitales y mujeres que no vivan una experiencia traumática.

¿Quién tiene la culpa?

Como médico especialista en ginecología y obstetricia, Lourdes Escudero Morales considera que no se puede catalogar a los servicios de salud de ineficientes, puesto que no son las mismas condiciones que se dan en la medicina privada.

“En ambos casos, no debemos olvidar que los médicos son humanos, no robots, ni dioses. Pero en el sector público, el número de espacios es insuficiente, no se puede ingresar a una mujer desde la primera contracción y en el ámbito privado, puede ingresar cuando lo desee.

En su opinión, los partos inasistidos no son nuevos. “Siempre ha habido quienes nacen en la calle, pero antes no había tanta tecnología para grabar a una mujer dando a luz en la vía pública.”

Para determinar si hubo negligencia médica, considera, habría que diferenciar si no había lugar para internarla, si el médico no quiso hacerle la revisión o qué ocurre en torno de un parto.

“Quizá se requieran más médicos, más enfermeras o salas de labor, ¿quién tiene la culpa, el médico o el sistema de salud?, habría que reconsiderar el señalamiento hacia el doctor, porque hacen lo que pueden con lo que tienen.”

En la mayoría de los casos en Oaxaca, la constante es que las envían a caminar. En su opinión, “la mujer tendrá las contracciones necesarias esté caminando o acostada”.

El problema en el sector salud es que no se puede ingresar desde la primera contracción, porque además comparten el quirófano para cirugías y partos.

“Teóricamente es necesario el manejo médico, pero si hay seis o 12 o más mujeres en labor de parto, no siempre se tiene la oportunidad de un parto ideal.”

Experiencia poco saludable

Miriam tuvo a su hija en una clínica del Seguro Social. Junto con ella, esa noche había otras 25 mujeres en labor de parto. Lo primero que hicieron fue ingresarla a un pasillo, alrededor de las 22:30 horas, donde esperó durante aproximadamente una hora en una silla. Después, la colocaron en una camilla, donde estuvo seis horas más en espera, sin poder moverse.

El dolor y la incomodidad de la postura, fueron lo menos. Cuando tocó el turno para ingresar a quirófano, le quitaron la bata y la dejaron totalmente desnuda. Además, amarrada de tobillos y muñecas. Estuvo sola, únicamente con el personal médico que la asistía.

Su hija nació a las seis de la mañana, fue un parto normal. Pero cortaron el cordón umbilical inmediatamente y sólo tocó a su hija brevemente. Pasó a limpieza y después de casi media hora la devolvieron junto a ella. Hasta que pasó el efecto de la anestesia y empezaron a coserle, Miriam se dio cuenta que le habían practicado una episiotomía.

“No volvería a un hospital público por un parto, fue traumático”, narra. Igual que Miriam, muchas mujeres que tienen a sus hijos en hospitales del sector público se enfrentan a ese trato, a veces hostil, de quienes deben atender partos masivos en hospitales que además, atienden otros padecimientos.

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