No debieron salir de los laboratorios maíces genéticamente modificados

  • Advierte especialista en la Feria en Defensa de nuestra milpa

Jorge A. Péres Alfonso

La Jornada

30 de junio de 2014

Oaxaca, Oax., 29 de junio.

No debieron salir de los laboratorios maíces genéticamente modificadosLos maíces genéticamente modificados nunca debieron salir de los laboratorios a tener un impacto directo en el ambiente pese a que fueron resultado de importantes avances científicos, consideró Elena Álvarez Buylla, investigadora del Laboratorio de Genética Molecular Epigenética Desarrollo y Evolución de Plantas del Instituto de Ecología de la Universidad Autónoma de México (UNAM). Explicó que esas semillas se esparcen fácilmente y afectan a los maíces nativos, modificándolos y poniéndolos en riesgo.

Durante la primera Feria estatal en defensa de nuestra milpa y los maíces nativos, organizada por el pintor oaxaqueño Francisco Toledo, fundador del Patronato Pro-Defensa y Conservación del Patrimonio Cultural y Natural del Estado de Oaxaca (Pro-Oax), Elena Álvarez dictó este domingo la conferencia El maíz nativo en peligro frente a la liberación del cultivo transgénico.

Previamente, aseguró a La Jornada en entrevista que en el uso de las semillas genéticamente modificadas se ha privilegiado el negocio sobre el bienestar de las personas, lo que ha permitido su utilización en diversas partes del mundo, principalmente en Estados Unidos y Asia.

En tal sentido, consideró que se debería aplicar el “principio de precaución”, dado que al liberarse los transgenes recombinantes, éstos no se pueden contener en un lugar en específico y por ello se debe impedir su uso tal como lo recomendó la Comisión de Cooperación Ambiental del Tratado de Libre Comercio.

Añadió que en Oaxaca se constató desde hace casi 10 años la existencia de esas semillas y el gobierno federal ratificó su uso, mientras que encargados de bioseguridad comenzaron a ocultar la evidencia o incluso a retrasar labores para garantizar la seguridad de la población.

Álvarez Buylla reconoció que la creación de semillas transgénicas constituyó un gran avance tecnológico para la realización de investigación básica, pero “lo que nunca debió haber pasado es que este tipo de desarrollos, que implican la transformación y la ruptura de restricciones a la recombinación del material hereditario del material genético, salieran de los laboratorios a impactar en el ambiente y sobre todo en las formas naturales de intercambio y recombinación de este material genético, y las formas comunales de generación de diversidad”.

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