Economía Moral

  • Agricultura y campesinado en el capitalismo globalizado contemporáneo /II
  • El biólogo Lewontin sostiene que el granjero de EU se ha proletarizado

Julio Boltvinik

1º de agosto de 2014

La Jornada

Economía MoralRichard C. Lewontin (RCL)1 escribió el capítulo “La maduración de la agricultura capitalista. El granjero como proletario”, en el libro Hungry for Profits (Monthly Review Press, 2000) editado por Magdoff, Foster y Buttel que estoy examinando en esta serie. RCL empieza señalando que el punto de vista que sostiene que la transición al capitalismo maduro ha concluido, excepto en los márgenes, está claramente equivocado pues ignora a la agricultura, inmenso sector de producción mercantil básica. Añade que la penetración del capital en la agricultura ha sido un largo proceso, de forma diferente al del caso clásico de la producción industrial. De hecho, señala, en apariencia la agricultura parecería haber resistido al capital, apariencia en abono de la cual provee algunas cifras: hay (al finalizar el siglo XX) 1.8 millones de granjas en EU e incluso las más grandes, que producen poco más del 50% de la producción total, son más de 100 mil, mientras en la industria las cuatro más grandes de cada sector producen en promedio el 40% del total producido. Destaca el interesante fenómeno de tierra agrícola rentada a granjeros que también poseen su propia tierra. Estos propietarios-arrendatarios, en su mayoría pequeños, operan el 55% de toda la tierra agrícola. Finalmente, señala, a pesar de la sabiduría convencional que la agricultura corporativa se está apoderando del sector, la proporción de granjas operados por administradores que representan a propietarios ausentistas, permaneció constante, en alrededor del 1%, durante todo el siglo XX. Por tanto, no encontramos una concentración de más y más capacidad productiva en manos de un muy pequeño número de granjas, sino que la “vasta mayoría de empresas agrícolas no emplean una fuerza de trabajo grande; más típicamente, tienen uno o dos trabajadores asalariados, usualmente durante sólo una parte del año. En la frase que he marcado en cursivas se hace evidente que Lewontin se percata del carácter estacional del trabajo agrícola.

Nuestro autor hace notar que al analizar el proceso de la transformación capitalista de la agricultura debemos distinguir la actividad agropecuaria misma (farming) del sistema agroalimentario. La primera produce productos como trigo, papas y ganado usando el suelo, el trabajo y maquinaria. El biólogo genetista lista cinco rasgos (naturales y financieros) para explicar el “fracaso de la concentración capitalista en la actividad agropecuaria”: 1) la propiedad de la tierra no es atractiva para el capital porque no puede ser depreciada fiscalmente y tal inversión es muy poco líquida por el escaso desarrollo del mercado de tierra agrícola; 2) el proceso de trabajo en granjas muy grandes es difícil de controlar porque las operaciones agropecuarias son extensivas espacialmente; 3) las economías de escala, más allá de las ya logradas en empresas medias, son muy difíciles de alcanzar; 4) riesgos de eventos naturales como el clima, y enfermedades y pestes nuevas, son muy difíciles de controlar; 5) finalmente, el ciclo de reproducción del capital no puede ser acortado pues está ligado al ciclo anual de crecimiento en las plantas o a un ciclo reproductivo fijo en animales grandes (p.95).

Pero el sistema agroalimentario no es sólo la actividad agropecuaria (farming), dice Lewontin, incluye también la producción, transporte y comercialización de los insumos requeridos por dicha actividad, así como el transporte, procesamiento y comercialización de productos de la granja. Estas dos actividades han llegado a dominar la economía de la agricultura, añade, y proporciona las siguientes cifras: la actividad agropecuaria representa ahora sólo 10% del valor agregado en el sistema agroalimentario, pero a principios del siglo XX representaba el 40%; la provisión de insumos el 25% (antes buena parte de los insumos ahora comprados se producían en la granja misma), y el 65% las actividades pos-granja que convierten los productos de la granja en mercancías alimentarias para adquisición del consumidor. Es en la producción de insumos y en las actividades pos-granja donde se han presentado las oportunidades para el capital industrial de capturar ganancias en el sector agrícola, dice RCL. Como cualquier otro proceso industrial, la producción de maquinaria agrícola, químicos y semillas, y la conversión del trigo trillado en una caja de cereal están totalmente controladas por el capital y sus demandas. (Véase en la gráfica datos al respecto para México con personal ocupado). He puesto semillas en cursivas porque aunque la afirmación del biólogo es correcta en general, no lo es del todo en el caso de las semillas. Muchos productores familiares en todas partes del mundo siguen produciendo sus propias semillas. Pero veamos cómo plantea RCL su tesis central:

El problema para el capital ha sido que a la mitad del proceso de transformación de petróleo en bolsas de papas fritas, se encuentra la actividad de la granja que está en manos de 2 millones de pequeños productores. No se puede prescindir de ellos, poseen ciertos medios de producción esenciales cuya propiedad no se puede concentrar (la tierra en particular). Y aunque son económicamente racionales, consumen su excedente en vez de entregarlo al capital… Los granjeros han poseído históricamente dos poderes que se interpusieron en el camino del desarrollo del capitalismo agrícola: 1. Tomaban decisiones sobre el proceso físico de la producción, incluyendo lo que se sembraba, cuánto se sembraba y qué insumos se usaban. 2. Eran competidores potenciales de los proveedores comerciales de insumos, al poder elegir producir ellos mismos semillas, poder de tracción y fertilizantes. El problema para el capital industrial ha sido arrebatarles a los granjeros el control de las decisiones, forzándolos a un proceso agropecuario que utiliza un paquete de insumos comprados, y en ajustar la naturaleza de los productos de la granja para igualar los requerimientos de unos pocos grandes compradores que tienen el poder para fijar el precio de compra. Los riesgos productivos que subsisten son asumidos por el granjero. Al perder todo poder para elegir la naturaleza y temporalidad del proceso productivo y perder también su capacidad de vender el producto en un mercado abierto, el granjero se vuelve un mero operador en una cadena productiva y se enajena de su producto. Esto es, el granjero se proletariza. Poco importa que mantenga la propiedad legal de la tierra y edificaciones y, por tanto, en un sentido literal siga siendo propietario de algunos medios de producción que no tienen un uso alternativo para él. La esencia de la proletarización es la pérdida de control sobre el propio proceso de trabajo y la alienación del producto de ese trabajo” (pp.96-97).

Tesis muy interesante de este biólogo que, sin embargo, pondré en duda en la próxima entrega, argumentando que no todo sometimiento convierte al sometido en proletario. Se requieren nuevos conceptos para estas formas de sometimiento.

1 Copio extractos de la ficha de este autor en Wikipedia que muestran su importancia en las teorías modernas de la evolución: “Nacido en 1929, fue líder en el desarrollo de las bases matemáticas de la genética de poblaciones y ayudó a establecer las bases del moderno campo de la evolución molecular. Fue uno de los primeros defensores de la teoría jerárquica de la evolución, según la cual la selección natural no limita su ejercicio a los genes, sino que células, organismos y especies pueden actuar también como unidades evolutivas. A la concepción del darwinismo tradicional del organismo como un receptor pasivo de influencias ambientales, opone la idea de una relación recíproca y dialéctica entre organismo y medio. Ha sido especialmente beligerante con el adaptacionismo neodarwinista y con sociobiólogos y psicólogos evolutivos que proponen una explicación del comportamiento animal y las estructuras sociales en términos exclusivos de ventaja adaptativa”. La postura de un amplio grupo de científicos de la mente, del cerebro, de los genes y de la evolución opuestos a estas críticas de RCL, se pueden ver en Steven Pinker La tabla rasa. La negación moderna de la naturaleza humana, Paidós. En la entrega del 7/6/13 abordo dicho libro.

 julioboltvinik.org

jbolt@colmex.mx

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