Minería en Ingapi, Ecuador

La inminente llegada de “la devoradora”

 Ramón Vera Herrera

Ojarasca

Agosto 2014

Municipio de Quito

Procesando la caña de azúcar en la comunidad Pacto, Ecuador, 2014.  Fotos: Ramón Vera Herrera

Procesando la caña de azúcar en la comunidad Pacto,
Ecuador, 2014.
Fotos: Ramón Vera Herrera

Pacto es una parroquia rural de Quito, capital del Ecuador. Los pobladores de la región han logrado durante siglos vivir de la caña entreverada con plátano, yuca y otros productos para la subsistencia. Sus cultivos no contienen agroquímicos porque siempre trabajaron la tierra a la manera tradicional, “alimentando el suelo para que el suelo nos alimente”. La gente ha logrado una cierta soberanía alimentaria por la fabricación de panela a partir de sus moliendas propias: los trapiches caseros y sus estufas de leña donde decantan el dulce, “aprovechando” el bagazo de la caña como combustible.

Son increíbles los cañaverales no industriales, donde el entrevero impulsa un largo plazo que en las grandes empresas corroe y devora.

La gente de la región está muy consciente de su pasado que los emparenta con los yumbos, antiquísimos pobladores de varias regiones del Ecuador que se decía fueron una especie de abuelos de todos los pueblos originarios de la región, incluidos, dicen, los legendarios tsáchilas o “colorados”. Era gente que andaba de paraje en paraje transmitiendo saberes y compartiendo experiencias.

En las zonas bajas, otra actividad importante la representa una ganadería en pequeño, también orgánica, dedicada a la producción popular de leche y carne, es decir, una producción que tampoco llega a las grandes procesadoras sino a distribuidores regionales y locales. Son las estribaciones de los Andes, la puerta trasera del municipio de Quito capital que, desde ahí hasta Junín, recorta sierras de donde fluyen escurrimientos hasta el mero Amazonas.? Suena muy bien ¿no?

Sin embargo, como detalla Elizabeth Bravo, investigadora de Acción Ecológica, “sobre esta zona se cierne el peligro de la minería”.  Como en otras partes del continente, “las concesiones mineras se multiplican afectando zonas donde antes no se pensaba que esto era posible: en medio de los glaciales, en bosque primario, o como aquí: desmontando una cultura campesina viva y con perspectiva de futuro. La empresa nacional minera ha  otorgado dos concesiones mineras denominadas Urcutambo e Ingapi, que tienen una superficie de 2 mil 251 y 2 mil 394 hectáreas, respectivamente. Aunque el área concesionada no parece tan vasta, si se toma en cuenta toda la cantidad de insumos que requiere la minería (agua, energía) y los desechos que genera (relaves, escorias, agua contaminada con cianuro), el área afectada va a ser mucho mayor”.

Cañaverales en la comunidad Pacto, Ecuador, 2014

Cañaverales en la comunidad Pacto, Ecuador, 2014

Uno de los campesinos, don Julián Morente, cuenta alarmado: “El proyecto minero le llaman, nuestro presidente le dice Proyecto Megaminero Pacto-Junín, que son más de cuatro mil hectáreas tan sólo en Pacto; Junín desconozco, pero también son bastantes hectáreas las que ya quieren perforar allá —entonces es una destrucción bastante avanzada. Nuestro país es pequeño y a dónde va a mandar a nuestra gente, y la gente come comida, no piedras ni oro. Además el oro no se queda aquí sino se va a China, mientras que aquí dejarán un desierto a las futuras generaciones. Los técnicos dicen que es un kilómetro de profundidad, eso es una monstruosidad porque estamos en una zona bastante frágil por la época de invierno, casi son seis meses que llueve; entonces se imaginará que al levantar, al abrir la montaña, de aquí al río, la reserva que tiene el municipio de Quito, el agua de la gran ciudad, se va a perder. Yo digo que sigue siendo más importante el agua que el oro.

“Si usted mira o hace seguimiento a los estudios de impacto ambiental es totalmente desastroso el contenido porque es todo una bola de engaño. Son seiscientas páginas de mentiras, de las seiscientas páginas cuatro han de ser ciertas, el resto es un cuento. Todo por privilegiar la minería, que es una devoradora. En realidad el rumor es cada día más fuerte, van a abrir un gran tajo. Van a bajarse todos los bosques estos señores porque ellos proponen a gran escala: oro, plata, cobre, los que nos han dicho, pero en el fondo dicen que hay por debajo uranio, pero ahí sí ya no entro en esa parte técnica, pero creo que ése es el metal, el mineral más buscado, no sé para que lo usen, desconozco.

“Por supuesto, estamos comenzando a organizarnos. La gente dice que no está de acuerdo. Dijeron trescientos dólares por hectárea que el gobierno nos quiere dar de indemnización, ¿a dónde vamos a ir con trescientos dólares? Si son diez hectáreas o veinte hectáreas, con el dinero resultante no puedo comprar en ningún lado, es irresponsable ese plan de manejo”.

En la zona funcionan dos cooperativas  “para acopiar leche y venderla”. El espacio de acopio para engarzar con la “cadena en frío” es trabajo de los habitantes sin la ayuda de ningún programa gubernamental. La entrada de la minería es muy temida por la gran cantidad de “químicos fuertes como el cianuro”, pero además el planteamiento es desplomar los cerros completos, afectando bosques, pastos, el flujo del agua y su composición, contaminada brutalmente. Es el trastocamiento general de una región.

Según cuenta don Esteban Salgado, otro de los pobladores, “los mineros ya están entrando ilegalmente porque la empresa se está metiendo por el lecho de un río sin la autorización de la parroquia. Hicieron una consulta, muy precaria, muy insuficiente, a gente que no es de la zona, pero no a los fundadores de la comunidad”.

Don Julián Morente interviene de nuevo: “yo no entiendo por qué las mineras buscan engañar a la gente a como dé lugar, viniendo a decirle, a ofrecerle coliseos, hospitales, vías asfaltadas, que un colegio, que dinero de a montón, pero yo digo, por qué nos quieren ver la cara de pendejos”.

Continua el documento de Elizabeth Bravo: “Según nos indica don Esteban, la veta minera viene desde García Moreno (en la zona de Intag), que ya están teniendo un impacto, porque el material que sale lo botan en el río. ‘A nosotros nos dieron unas cuatro volquetadas de materiales, pues ya empezaron a perforar subterráneamente, y se han bajado unas cinco hectáreas de bosques. Nos preguntamos qué va a pasar cuando se hunda la tierra’”.

Para Elizabeth Bravo, “es crucial que la gente de Quito conozca que si hay minería en esta zona, se va a quedar sin leche, sin panela y sin agua, pues de las montañas boscosas de Pacto nacen fuentes de agua que algún día podrían ser la fuente de agua potable para la ciudad de Quito, que crece de manera salvaje”.

Don Esteban culmina: “Si viene la minería es como si llegaran a su casa y la quemaran”.

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