La cosecha del maíz y un año de historias

Xun Betan

Ojarasca

Marzo 2015

Jolia, San Luis Potosi, 1990. Foto: Luis Jorge Gallegos

Jolia, San Luis Potosi, 1990.
Foto: Luis Jorge Gallegos

En los meses en que las nubes se esconden en cada una de las cuatro esquinas del cielo, es cuando la temperatura empieza a bajar y en el cielo se empieza a observar el sbe sik, o sea, el camino del frío. Ésa es la señal de que ya es tiempo de cosechar los cultivos de la milpa. De esta forma es como mis abuelos se guiaban para saber los momentos adecuados para realizar sus labores en el campo. Entre esos trabajos está recolectar el maíz, la calabaza, el chile y otros productos. En mi familia, aún se mantiene una parte de esa tradición aunque ya poco se conoce de los movimientos cósmicos. En general, los hombres y mujeres actuales ya poco hablan con los seres que cuidan y protegen la vida, porque ya poco cantan, ya poco ríen y ya poco danzan con la vida.

El observar el cielo, leer el tiempo, hablar y rezar a los guardianes de las montañas, son de las cosas que se van aprendiendo desde la tradición oral, en las pláticas del fogón, donde nuestros abuelos nos cuentan lo que ellos sueñan y viven. Así, he comprendido que la vida está en un vínculo e interacción constante con la naturaleza, con la Madre Tierra. Como dicen mis abuelos; todo lo que existe en la faz de la tierra tiene vida, como las plantas, los animales y las montañas: tienen ch’ulel. La ruptura de este modo de entender la vida la sentí cuando de niño entré a la escuela y me enseñaron a distinguir entre los seres vivos y seres abióticos, entre el usar y desechar las cosas, la compra y la venta de productos, el tiempo y el negocio, conceptos que no logré comprender hasta muchos años más tarde, cuando me acerqué más al trabajo de la milpa. Fue ahí donde aprendí que el maíz no se usa ni se tira, que la piedra tiene vida y habla con nosotros, que el agua no se vende, que la Madre Tierra no es mercancía y que el tiempo se guía con los astros.

Con esas enseñanzas de mis abuelos, comprendí que para cultivar el maíz no hay un inicio ni un final: es como la vida de las semillas: cíclica. Así, justo en estas épocas es cuando cosechamos el maíz, pero también cuando vamos seleccionando las semillas. Después de seleccionarlas, durante este tiempo hasta la próxima siembra, quedan las mazorcas en curación, colgadas sobre el fogón, eso para que los animalitos no las coman ni le crezca gorgojo. El humo del fogón tiene una muy importante función, porque con eso no utilizamos ningún insecticida: el humo cura al maíz. De esta manera, el maíz y su color amarillo representan la maduración, la recolección: es la semilla, y es cosecha. Eso también lo representamos en el altar maya, donde recogemos un año de frutos de nuestra vida.

Durante varios años me tocó ir a pizcar el maíz en el terreno de mis papás. Como era un lugar retirado, nos quedábamos a dormir por allá. Entre los maizales construíamos nuestra galera utilizando las cañas de la planta del maíz, ahí también colgábamos la hamaca para dormir y en el centro no faltaba el pequeño fogón que permanecía toda la noche con pequeñas flamas o brazas en la leña, para calentarnos de ese frío que suele caer durante la madrugada. Lo que más me gustaba de ese lugar era ver el cielo, porque a falta de luz eléctrica, el cielo imponía su belleza y resaltaba la luz de las hermosas estrellas. Era ahí cuando mi abuelo me explicaba el nombre de las estrellas y las constelaciones, me enseñó donde se localizaba la vía láctea. Así aprendí el nombre de algunas constelaciones:sne tsek, xonob ch’ul k’anal, sat jch’ulme’tik, sbe sik, sbakel choy, entre otras muchas que mi mamá y mi abuela las bordaban en sus tejidos.

La siembra del maíz es muy importante para nuestra cultura y para nuestros pueblos. Como es bien sabido, el maíz es la base alimenticia de los pueblos mesoamericanos, e incluso para los pueblos del norte del continente y hasta algunos pueblos del sur. Es impresionante notar la gran ignorancia de muchos funcionarios públicos cuando se dirigen a los campesinos diciéndoles que dejen de sembrar el maíz y que mejor se pongan a trabajar en otra cosa, o simplemente les obligan a sembrar palma africana, piñones, caña de azúcar u otras plantas en forma de monocultivo, e incluso, les dan a manera de apoyo, o programa de apoyo para el campo, el llamado «maíz mejorado». Es una barbaridad ver a políticos de cualquier partido regalando herbicidas a los campesinos o despensas a las mujeres con la finalidad de no cultivar sus propios alimentos. Llama la atención que esto va de la mano con la expansión de los grandes centros comerciales.

De esta manera, en el campo terminamos un ciclo de la vida y recolectamos el maíz, juntamos las calabazas, secamos el chile, limpiamos y curamos el fríjol y guardamos nuestras semillas sobre el fogón que servirán para el próximo periodo de la vida. En México, este año tristemente también recolectamos nuestro coraje e indignación frente a un sistema político corrupto y asesino, frente a un sistema político que se ríe y se burla de las personas, frente a un sistema político que mata a los jóvenes. Un sistema político que destruye la vida con sus megaproyectos como la minería. Un sistema que enseña mentiras. Este año recolectamos también el nombre de miles de muertos y desaparecidos, de los 43 estudiantes desaparecidos que son la voz de los tantos desaparecidos en todo el país. Pero también es tiempo de que las semillas cosechadas durante este año se sigan fortaleciendo con el coraje, la rabia, el valor y el amor para hacer florecer nuestros campos de otros colores, para construir un mundo más humano donde los hombres, mujeres, niños y las diversidades puedan volver a cantar, a reír y a danzar con la vida y con Flores para el corazón:

En mi lengua se habla desde el corazón
tenemos ch’ulel y volamos en los sueños
Cantamos con el viento y reímos con las nubes
Sembramos el maíz y cosechamos las tortillas.

Cuando estoy alegre mi corazón florece
tristeza es tener el corazón partido en dos pedazos
Cuando me enfermo el dolor surge desde mi corazón
Cuando luchamos es buscar la paz del corazón.

El tsotsil es una lengua que se canta al hablar
Como las otras lenguas, en sí sola es poesía
Como es poesía se le canta al maíz y al tiempo
Se cuentan los años y se bordan los recuerdos.

Xmuk’ib ko’on es tener esperanzas
Ta jk’anot ta skotol ko’on es amar con el corazón
Jun o’onal es paz en el corazón y en la vida
K’ux ta ko’on es dolor en mi corazón por las injusticias.

Los años se viven y del maíz se hace tortillas
Se tejen las historias y se recuerdan los tiempos
Recordamos a los 43 estudiantes, desde el corazón
Y que de las palabras broten xnichimal ko’ontontik.

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