A la sombra del desarrollo tecnológico

Roseli Rojo

Heinrich Böll Stiftung México, Centroamérica y el Caribe

19 de Junio 2015

 

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En el marco del 30 aniversario de la desaparición física del Premio Nobel de Literatura e impulsor del Partido Verde Alemán, Heinrich Böll; la Fundación convocó —en esta ocasión también vía internet— a un nuevo Jour Fixe: “Frente a las crisis, la respuesta ¿está en las nuevas tecnologías?”

¿Sabía usted que hoy día siete de cada diez productos que se consumen diariamente (tortillas, harina, snacks, tostadas, cereales…), y que pueden encontrarse en supermercados, contienen ingredientes derivados de cultivos modificados genéticamente?* ¿Está al corriente de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) el pasado marzo comenzó a categorizar el glifosato —el herbicida más usado a nivel mundial— de “cancerígeno probable”?**

La situación que en materia de salud se constata actualmente no es muy alentadora. Ante las crecientes cifras de obesos, malnutridos o enfermos de cáncer a nivel mundial, la respuesta más socorrida es la creación de nuevas tecnologías que posibiliten encontrar una cura. Sin embargo, ¿acaso con esta estrategia no se evita enfrentar el foco originario de los problemas? ¿Las tecnologías constituyen en realidad un paliativo? ¿No se estará conduciendo a la humanidad, a la sombra del desarrollo tecnológico, a un camino circular en el que se reincidirá una vez y otra en similares problemas, nuevas enfermedades y eternas promesas que nunca llegarán a concretarse?

En ese sentido, Verónica Villa, investigadora del Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (ETC), analizó cómo la ciencia y la tecnología han sucumbido con el paso de las décadas a la lógica del negocio. En opinión de la antropóloga, urge una revisión crítica de las tendencias y teorías que surgen en las ciencias duras y en las investigaciones sociales.

De elegirse sitios en internet al azar que versen sobre Biología sintética, se podrá comprobar cómo la mayoría de estos espacios reproducen el discurso científico que ha difundido el impacto positivo de esta tecnología en el Medio Ambiente y la Biomedicina. Verónica Villa, en cambio, llamó la atención de los asistentes al Jour Fixe sobre las perspectivas no tan luminosas de la Biología sintética.

A su juicio, el diseño de sistemas biológicos que no existen en la naturaleza constituye un riesgo para el Medio Ambiente y la vida en el planeta. La creación de virus, bacterias, alimentos transgénicos lleva implícito el peso de la incertidumbre: no es posible saber de antemano qué efectos adversos puede provocar en los organismos vivos estos productos creados en laboratorio.

Es posible pronosticar, no obstante, cuáles pueden ser las consecuencias de que en México se hayan comenzado a producir a partir de los principios de la Biología sintética las especias, en particular la vainilla —apuntó Villa. Para las 4 mil comunidades campesinas del sur del país que se dedican a la producción de la vainilla, la creación mecanizada del producto atenta contra su subsistencia al crear una fuerte competencia en el mercado nacional e internacional.

En sintonía con esta perspectiva, Emmanuel González-Ortega, integrante del Departamento de Ecología Fundacional del Instituto de Ecología en México, comentó que los transgénicos no constituyen una nueva tecnología, sino un nuevo mecanismo de posesión y despojo de las comunidades campesinas en México que han sido las más afectadas. A partir de la firma entre México, Estados Unidos y Canadá del Tratado de Libre Comercio (TLC) en 1994, se redujo notablemente el apoyo a las comunidades campesinas para el cultivo de las muchas variedades del maíz que existen en la nación.

Considera González que el maíz y la soya transgénicas, que se importan a México desde Estados Unidos y Sudáfrica, resultan perjudiciales para la población. Los productos en México no incluyen la aclaración de cuál es o no transgénico, de manera que se anula incluso la posibilidad de elegir si comprarlos o no.

Para evitar consumir los productos modificados genéticamente, la solución puede estribar —sugirió el investigador— en volver a los hábitos alimenticios de décadas anteriores: ingerir alimentos locales, producidos por campesinos de manera sostenible. Se contribuiría así al sustento económico de estas comunidades que se han visto forzadas a abandonar hábitos y costumbres que han heredado durante siglos.

Por otra parte, se insistió en el debate en que las tecnologías no solo campean en el escenario de la crisis alimenticia y de salud, sino que han extendido sus dominios e impronta hacia todas aquellas áreas rentables económicamente. Y es que como recalcó Silvia Ribeiro, directora para América Latina del Grupo ETC, se ha establecido una proporción inversa entre desarrollo tecnológico y control de este auge por las instituciones y naciones.

A partir de 2007, ejemplificó Ribeiro, debido a las múltiples crisis que tuvieron que enfrentarse mundialmente, las empresas y gobiernos propusieron nuevas tecnologías para lograr sortear la situación. No obstante, desde mediado de la década de 1990 habían sido eliminados los pocos centros que a nivel internacional estaban destinados a evaluar los efectos de esas tecnologías.

¿Cómo librarse entonces de esa sombra tecnológica? La respuesta según Ribeiro podría radicar en la creación de plataformas de observación tecnológica desde las organizaciones, en la creación de conexiones y apoyo entre estas. Como señaló Anette von Schönfeld, directora de la Fundación y moderadora del debate, una vía factible puede ser impulsar cambios desde la sociedad civil y visibilizar tanto los problemas actuales como los logros que se vayan alcanzando.

*http://www.revista.unam.mx/vol.10/num4/art24/int24-1.htm

**http://www.elobservador.com.uy/la-oms-categorizo-al-glifosato-como-probable-cancerigeno-n303537

Fuente: https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=838107252925063&id=151564251579370

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