¿Una nueva cosecha de promesas? ¿P’ikunskua eiátspekuecheri?

 

San Antonio de las Huertas, Estado de México. Foto: Adrián Álvarez R.

San Antonio de las Huertas, Estado de México.
Foto: Adrián Álvarez R.

Desde hace 75 años se habla en las tierras del lago de Pátzcuaro de los indígenas y sus problemas. El Primer Congreso Indigenista Interamericano se celebró en esa ciudad en 1940, y de ahí partió la creación del Instituto Indigenista Interamericano, y años más tarde, en 1948, la fundación del Instituto Nacional Indigenista (INI), antecesor de la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (creada en 2003). Larga historia. Camaleónica transmutación de un indigenismo persistente, asistencialista, filantrópico y corporativo de Estado, ya de tercera generación en los comienzos del siglo 21.

A pesar de esta atención institucional temprana y privilegiada, las condiciones de vida la gente nunca mejoraron. Todo lo contrario. La pobreza, la marginación y la enfermedad predominan en las comunidades. Una gran proporción de la población se mantiene sin saber leer. Además, existen datos estadísticos precisos e irrefutables de que las condiciones de vida de las comunidades indígenas de Michoacán, y del resto del país, se han deteriorado en las últimas décadas.

Michoacán se caracteriza por el lento y errático ritmo de su desarrollo, uno de los más bajos del país, en función de los índices sociales, económicos, educativos y de salud. Esta realidad está documentada, desde hace muchos años, en base a estadísticas oficiales, y medida con parámetros de marginación-rezago socioeconómico elaborados por la Organización de las Naciones Unidas y las instituciones como el INEE, INEGI, Conapo, Coneval. Gobierno tras gobierno la situación está siempre lejos de ser superada

La pobreza en Michoacán alcanza al 54.4 por ciento de la población, mientras que este mismo indicador es de 45.5 por ciento a nivel nacional (Coneval, 2012). La pobreza extrema afecta a casi 15 por ciento de los michoacanos, lo que implica que miles de familias del campo y la ciudad no cuentan con los elementos mínimos de supervivencia. Casi millón y medio de michoacanos carecen de acceso a la alimentación. Las presiones ejercidas sobre el medioambiente en territorios comunitarios y la economía de las familias rurales de Michoacán están apenas reducidas por medio de las válvulas de escape de las remesas de los migrantes.

El informe Índice de Desarrollo Humano para las Entidades Federativas, México 2015-Avance Continuo, Diferencias Persistentesreitera la posición número 29 que tiene Michoacán con respecto a los 32 estados de la República; lugar en el que lamentablemente se ha mantenido desde hace diez años (PNUD 2006 y 2015). Esta clasificación se basa en el Índice de Desarrollo Humano (IDH), del Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo, que afirma los niveles de “desarrollo humano” en función de indicadores de salud, educación e ingreso. Con esta medida, Michoacán supera sólo a Oaxaca, Guerrero y Chiapas. El IDH para Michoacán ha sido estimado en 0.700, cuando el promedio nacional es de 0.746.

Esta situación fue documentada entre la población indígena y no indígena, por municipio y entidad federativa, en el Informe sobre Desarrollo Humano de los Pueblos Indígenas de México—El Reto de la Desigualdad de Oportunidades (CDI-PNUD, 2010). Allí, los índices de desarrollo humano son sistemáticamente más bajos en los municipios indígenas, con mayores diferencias socioeconómicas entre las poblaciones indígenas y las no indígenas. El IDH para la población indígena de Michoacán es de 0.6565; para la población no indígena, de 0.7298. En este estudio, y en función de indicadores similares de educación, salud e ingreso, los indígenas de Michoacán están en una posición de mayor rezago, en comparación con las poblaciones indígenas del resto del país. Los pueblos de Michoacán, en la cuna del indigenismo, ocupan la posición 26 entre los habitantes indígenas de las 32 entidades de México.

¿De qué manera hay que encarar esta situación compleja de marginación, desigualdad y pobreza, misma que no debería ser estática ni perenne, menos una carga de por vida para las poblaciones indígenas? ¿Qué se debe hacer diferente cuando el modelo de intervención aplicado por los gobiernos sucesivos se basa en la publicación de “convocatorias” y la operación de “ventanillas” para apoyos individuales, además de la creación de padrones de beneficiarios para subsidios discrecionales?

¿Qué hechos diferentes esperamos del nuevo gobierno estatal, en tanto se empieza a hablar de “reingeniería” de las dependencias de gobierno, pero no se menciona en ningún lado el modelo de desarrollo ni los mecanismos de acción para conseguirlo?

Es momento de definir, por parte del Ejecutivo electo, si va a seguir apostando a un modelo vertical, asistencialista y tutelar de desarrollo o si, conjuntamente con los hombres y mujeres de las comunidades, se formulará una estrategia de desarrollo participativo tendiente a la reconstitución de sus activos sociales y productivos. No puede ser este nuevo periodo gubernamental el inicio de otra década perdida.

De acuerdo con las proyecciones realizadas del avance de las entidades federativas en relación al Índice de Desarrollo Humano, y considerando el ritmo manifestado de progreso por Michoacán en educación, salud e ingreso, sería hasta el año 2071 que se alcanzaría el mismo nivel del IDH (actual) del Distrito Federal. Ni gobernantes ni gobernados podemos esperar 56 años para alcanzar el bienestar a que todos tenemos derecho. Puebla, Chiapas y Veracruz, con ÍDH similares al nuestro, lo lograrían 31, 17 y 5 años antes que nosotros, respectivamente (PNUD, 2015).

Autonomía indígena y gobernabilidad comunal. En los últimos días de su campaña el gobernador electo pidió a las comunidades indígenas “hacer valer el derecho a la libertad”, y se comprometió a guardar deferencia y atención a los pueblos originarios. En el segundo debate afirmó que respetaría y haría respetar los derechos de los indígenas (“No a la segregación”). Se comprometió a trazar estrategias “que los incluyan como parte de la sociedad”, y a fortalecer la presencia de la Universidad Intercultural Indígena.

Consideramos estas declaraciones como compromisos “a la palabra”. Esperamos que sus perspectivas de gobernabilidad, planificación y acciones de “gran calado” para el desarrollo, coincidan con las nuestras; que los ejes, metas e indicadores del Plan de Gobierno concuerden con nuestra cosmovisión, comunalidad y gestión interna para, así, alcanzar el desarrollo y bienestar de nuestras gentes. Entre estas acciones imprescindibles tenemos:

  • La defensa de los territorios; la garantía de la tenencia, uso y usufructo comunal de los recursos naturales; y el impulso de programas autónomos y específicos de inversión para el desarrollo en salud y educación.
  • La creación de un modelo original de un municipio indígena autónomo, mediante el pleno ejercicio del pluralismo político-administrativo para una verdadera gobernabilidad económica, social, medioambiental, y no sólo para una simbólica representación de autoridades y procuración menor de justicia.
  • El respeto a la Universidad Intercultural Indígena de Michoacán (UIIM), que debe ser entendida como un “bien comunal”, antes que un “bien público”, en el contexto de una economía solidaria, y los procesos autonómicos fundamentales de acción-investigación, enseñanza y difusión de la cultura. La UIIM no debe ser considerada como una “unidad administrativa” adicional de la estructura gubernamental, como la ha mal manejado discrecionalmente el Ejecutivo estatal.
  • La actuación consistente de parte del Ejecutivo estatal que debe ser elemento de un nuevo pacto Estado-Pueblos indios. Dicha actuación debe cumplirse, en tiempo y forma, con apego a nuestro derecho constitucional a la consulta “previa, libre e informada” con respecto a medidas legislativas o administrativas que nos afecten, como lo marcan los convenios internacionales y la Constitución Política de los Estado Unidos Mexicanos.

Jurhímbekua Uandani—hablando claro, le hacemos la siguiente pregunta a Silvano Aureoles sobre los objetivos y alcances de su programa de gobierno: ¿se trata de veras de ‘un nuevo comienzo’, o será, para los pueblos indígenas una nueva ‘cosecha de promesas’? ¿Máteru jimpani uéenakua o p’ikunskua eiáatspekuechari

Por Bertha Dimaz Huacuz.

Fuente: Ojarasca

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