Seguridad alimentaria mundial

Seguridad alimentaria mundial, en manos de campesinos: Unctad

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Los campesinos o pequeños productores agrícolas son los principales contribuyentes de la seguridad alimentaria en el mundo, así como actores fundamentales en la sostenibilidad social y ambiental. Sin embargo, por negligencia política de los gobiernos han resultado el sector más dañado por la pobreza y los efectos del cambio climático, advierte la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad ) en su informe 2015 sobre los pequeños agricultores y el desarrollo sostenible de productos básicos, que comenzó a difundir en la semana que concluyó.

En conjunto, los campesinos concentran apenas 12 por ciento de todas las tierras agrícolas pero generan 80 por ciento de los alimentos del planeta. Esos números, destaca el organismo, deberían haber justificado una asignación más alta de recursos públicos. Por las amenazas crecientes vinculadas al cambio climático, la creciente escasez de recursos naturales y la exigencia de competitividad en los mercados mundiales, los pequeños productores agrícolas merecen una atención política urgente, tanto a nivel nacional como mundial.

Añadió que la pobreza sigue siendo un fenómeno predominantemente rural y 70 por ciento de los mil 400 millones de personas en extrema pobreza de los países en desarrollo viven en zonas rurales.

Luego de la crisis alimentaria que estalló en 2008 por el encarecimiento de los productos básicos, los pequeños productores agrícolas, como llama la Unctad a quienes cuentan con tan sólo dos hectáreas para sembrar, cobraron mayor importancia en muchos países que reorientaron sus políticas en seguridad. Hasta antes de ese año, la producción nacional de alimentos era una preocupación menor para muchos países, salvo excepciones como Estados Unidos, debido a los excedentes en la producción agrícola a nivel mundial.

Para Estados Unidos la producción alimentaria es parte de su política de defensa nacional y en la mayoría de los países asiáticos la comida un asunto de seguridad nacional, por lo que maximizar la producción de alimentos es una estrategia prioritaria.

La mayoría de los campesinos sólo produce en pequeña escala o de plano únicamente para el autoconsumo con prácticas responsables con el medio ambiente. Tienen una débil vinculación con los mercados internacionales, pero pese a ello son los más vulnerables a las crisis y volatilidad de los precios de los productos básicos y los más afectados por el cambio climático.

Obstáculos, desequilibrios y deficiencias en el comercio internacional restringen su participación y, en cambio, favorecen a intermediarios y exportadores de alimentos. La falta de educación, inversión, acceso a las tecnologías de la información, créditos y formación empresarial abonan en la exclusión de los campesinos y la Unctad menciona incluso que con la liberación del comercio en muchos países en desarrollo se ha causado un daño duradero a la agricultura en pequeña escala.

El sector público ha reducido su participación en la agricultura y los apoyos a campesinos, además de abandonar políticas públicas agropecuarias que han dejado un vacío que no ha sido ocupado por el sector privado, como se esperaba.

Motor de crecimiento

El estudio puntualiza que, en general, los países de Asia, América y África sí incluyen a los pequeños agricultores en sus políticas de seguridad, pero en la realidad sólo algunos han tenido éxito y persisten diversos obstáculos para integrarlos a la economía, el comercio y el desarrollo.

Si bien la Unctad señala que el término de pequeños agricultores varía según la región, aclara que en el estudio lo utiliza para referirse a quienes realizan sus cultivos en propiedades (granjas o ranchos) que sólo tienen una extensión aproximada de dos hectáreas, utilizando fundamentalmente mano de obra familiar, y que tienen una limitada interacción con los mercados comerciales y el crédito.

Hasta principios de este siglo, 87 por ciento de este tipo de productores agrícolas se concentraba en países de Asia Pacífico, 8 por ciento en África y 4 por ciento en Europa. Menos de uno por ciento pertenecía a naciones de América Latina, debido a que en esta región el tamaño de una granja de explotación media es de alrededor de 20 hectáreas. Además, en el oeste de África y el sudeste de Asia, la mano de obra femenina representa 50.7 y 60.7 por ciento del total, en tanto en América Latina no llega ni a 10 por ciento.

Es un sector con un alto nivel de resistencia pero la Unctad destaca que cuentan con la capacidad de lograr mayor productividad y eficiencia para convertirse en un motor de crecimiento económico y reducción de la pobreza, ya que en la medida que transiten de la agricultura de subsistencia a la comercial pueden aumentar sus ingresos.

Por Susana González, Domingo 20 de Diciembre 2015.

Fuente: La Jornada 

diciembre 20, 2015

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