Agroecología: una visión que crece y pronto tendrá su propia Dirección Nacional

Por Infobae

País Argentina

Biodiversidadla.org

21 marzo 2020

Mientras las retenciones se roban todos los focos del sector, a fuego lento se cocina una novedad que parecerá irrelevante en lo inmediato pero que a la larga podría ser la semilla de un gran cambio de paradigma en la agricultura argentina. No está anunciado oficialmente, pero el Ministerio de Agricultura de la Nación ya tendría decidido conformar la Dirección Nacional de Agroecología.

¿Qué es la agroecología? Para entenderlo, lo mejor es acudir al pensamiento del Ingeniero Agrónomo Eduardo Cerdá, quien hoy reparte su tiempo entre las conferencias y el asesoramiento técnico de unas 20.000 hectáreas de campo, y quien asumiría dicha Dirección en cuanto se haga efectiva su creación.

”Agroecología es tener en cuenta y poner en juego todos los procesos ecológicos para producir agropecuariamente. No es una mirada empresarial, es una mirada de sistema, de entender los procesos naturales que funcionan en un campo. Al tener en cuenta todos los procesos, es más fácil cuidarlos”, explica Cerdá en una entrevista con Almagro Revista, un medio digital que suele abordar el tema con profundidad.

Uno de los campos asesorados por Cerdá es La Aurora, un establecimiento ubicado en Benito Juárez, que fue elegido por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) como uno de los 52 establecimientos modelo en producción agroecológica de cereales y carne bovina. Además, el ingeniero dirige la Red Nacional de Municipios Agroecológicos (Renama), una organización que nuclea a más de 30 municipios de diferentes provincias, 170 productores y 86.000 hectáreas.

“En las facultades, tanto en medicina, agronomía o veterinaria, se hace siempre hincapié en la enfermedad, en cómo diagnosticarla y cómo curarla. Pero no se hace hincapié en la salud. ¿Cómo hacemos para estar bien?”, dice y se contesta: “Lo que no entienden es que un suelo enfermo genera una planta enferma y un animal enfermo. Y esos son nuestros alimentos. ¿Y eso qué genera? Un ser humano enfermo o débil, al que le faltan los elementos para estar bien”.

Claramente se trata de una visión diferente a la hegemónica, pero no representa una vuelta a prácticas agrícolas primitivas. De hecho, la siembra directa, por ejemplo, puede formar parte de un sistema agroecológico. “Nosotros hacemos siembra directa, pero sin agroquímicos. No es una siembra directa drogadicta, viciosa y llena de remedios. Estamos atrás del concepto de la salud” enfatiza.

Desde el INTA también se viene siguiendo de cerca a la agroecología. Uno de los técnicos que levantan esa bandera dentro del instituto es Agustín Barbera, un joven Ingeniero Agrónomo de la Estación Experimental Barrow. “La agroecología no tiene escala porque está basada en principios, no en recetas. Principios universales que se pueden aplicar en una granja o en un gran terreno. Lo que se replica en estos casos es cómo aumentamos la biodiversidad en lugar de tener cientos de hectáreas de un solo cultivo. No estamos planteando dejar de producir ni que la producción sea menor. Intervenimos con conocimiento, con tecnología, aumentando la diversidad”, explica.

Y agrega: “Los principios de la agroecología dicen que la diversidad es funcional, que el mejoramiento de los suelos son procesos de equilibrio. Un equilibrio que los sistemas agropecuarios convencionales rompen y trabajan a base de insumos”.

Otros casos

Por su parte Marcelo Schwerdt, Doctor en Biología, ex director de Medio Ambiente del municipio de Guaminí, en el sur de la provincia de Buenos Aires, e impulsor de la agroecología, cuenta que en su distrito en cinco años pasaron de 100 a 4000 hectáreas bajo sistemas agroecológicos.

“Lo que nos costó, por ser uno de los primeros, resulta mucho más fácil en otros municipios. Lincoln, por ejemplo, arrancó hace un año y medio y ya lleva 20.000 hectáreas totalmente reconvertidas a la agroecología. Tienen un grupo de 17 ingenieros que ya están asesorando campos agroecológicos. Se van capitalizando las experiencias. Los productores estaban viendo que sus márgenes eran cada vez más estrechos, que si seguían así se iban a chocar contra la pared pero no podían independizarse del modelo porque era lo único que conocían, pero cuando se empieza a visibilizar, se facilita el cambio”, afirma Schwerdt.

Ademas, Schwerdt admite que hoy la balanza está muy desequilibrada: 99,9 por ciento de agroindustria y muy poquito de agroecología. “Pero vemos que el vaso de la agroecología se va llenando a una velocidad sorprendente». No somos fundamentalistas en la transición, pero nos gustaría que todos hagan el click en su cabeza para salir del sistema», afirmó.

Y a todo esto, enfatizó que «la agroecología tiene el mote de que es viable para productores chicos y medianos que estaban al borde de la extinción, pero también tenemos productores de 5.000 hectáreas que eran muy conscientes de ese achicamiento del margen bruto. Los insumos están en dólares, y cada vez precisan más. Se pasó en quince años de usar dos litros de pesticidas en general a casi 10 o 12 litros en la actualidad. El incremento en producción no alcanza a cubrir ese aumento de costo”.

Y si se habla de agroecología, la voz que no puede faltar nunca es la de Santiago Sarandon, presidente de la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (Socla) y gran pionero de la disciplina en estas pampas.

“Creo que el gran impacto de la agroecología es su enfoque global, holístico, sistémico, es más compleja pero es más interdisciplinaria. Una mirada más integral y más humanista”, resume. Y con un optimismo arrollador, asegura: “En diez años va a cambiar todo. Esto es exponencial. Lento, lento hasta que se ve. Pero una vez que se ve… No hay manera de pararlo”.

marzo 21, 2020

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