Audiencia: Violencia contra el maíz, la soberanía alimentaria y la autonomía

El maíz es la vida de millones de campesinos cuyo centro civilizatorio milenario es la comunidad y la vida en la siembra. Siendo México centro de origen del maíz (uno de los cuatro cultivos cruciales para la humanidad), los ataques al maíz y a los pueblos que lo cultivan en el sistema-milpa, son un ataque contra las estrategias más antiguas y con más posibilidades de futuro de la humanidad.

El Estado mexicano mas contundentemente en los 90s, pero también antes, y junto con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)  comenzó un permanente desmantelamiento jurídico de las leyes que promovían derechos colectivos y protegían ámbitos comunes, en particular los territorios (tierra agua, recursos) de los pueblos indígenas y campesinos. Desmanteló también los programas, proyectos y políticas públicas que apoyaban la actividad agrícola, en detrimento de los pequeños y medianos agricultores mexicanos y en beneficio de la agricultura estadounidense, industrial y corporativa.

El fin último de este ataque es erradicar la producción independiente de alimentos. En todo el mundo, las grandes corporaciones, en complicidad con los gobiernos, se han propuesto criminalizar la ancestral estrategia de resguardar e intercambiar semillas nativas con total libertad. En cambio promueven el cultivo y comercialización de semillas de laboratorio (híbridos, transgénicos y más), con sus paquetes de agrotóxicos, mediante leyes que en México, principal centro de origen del maíz, promueven la potencial contaminación transgénica de 62 razas y miles de variedades, que despojarán de su diversidad a las semillas nativas al certificarlas y someterlas a propiedad intelectual.

 Esta violencia agroindustrial profundiza la devastación del campo mexicano, la emigración, la urbanización salvaje y la invasión de los territorios indígenas y campesinos, acapara los recursos para la minería, la privatización de grandes cuencas de agua, los monocultivos, la deforestación y la apropiación de grandes extensiones forestales mediante programas de “simulación ambiental”.

El sistema que pretende erradicar la producción independiente de alimentos, monopolizar la rentabilidad del maíz y encarecer sin fin los precios de los alimentos, es también responsable de un 45-57% de los gases con efecto de invernadero. En cambio, las comunidades campesinas e indígenas y los agricultores en pequeña escala siguen produciendo un 70% de los alimentos del mundo, y su actividad agrícola podría enfriar la tierra si defendemos las comunidades con control territorial y autonomía.

Estamos siendo transformados a una humanidad urbana y desligada de los ciclos de la tierra y de lo que nos permite la vida de manera justa y digna, en México las políticas de Estado van encaminadas a concentrar a la gente en poblaciones inmensas, sumergidas en el consumismo de los productos fabricados de manera industrial desapegados a parámetros de nutrición, salud humana, ambiental, social, económica, natural; se esta destruyendo el entorno ecológico y social en pro del “desarrollo” olvidando que de ahí dependemos y que junto con los pueblos, junto con nosotros podemos hacer de este un mundo mas equilibrado. Tenemos que detener los procesos de destrucción y concentración sin sentido.

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